
22 Juventud y Ciencia Solidaria
Palabras clave:
libro, lectura, adolescente, educación,
sociedad, sistema educativo
Explicación del tema
No es la primera vez que se debate este tema; ante
los ojos de otras personas puede parecer una situación
cuya única explicación es que los libros, comparados
con la tecnología que se tiene hoy en día, son aburridos.
Es triste pensar que puede existir una generación que
nunca va a experimentar la magia de un libro, su olor,
su textura, lo que significa pasar páginas y embarcarse
en una aventura, en un sueño.
Se pueden encontrar libros en una simple piedra
hasta en un soporte electrónico, lo que marca la dife-
rencia siempre será el contenido y, por lo tanto, el
aprendizaje que alcance el lector; por esa razón en la
antigüedad se prohibieron el acceso a ciertos libros,
se quemaron bibliotecas, se censuraron autores; fue
(y quizás aún lo sea) una forma usada por quienes
mantienen el poder, de limitar el conocimiento. No
importa si un libro trata de matemáticas o de ciencia
ficción, una persona que lee siempre va a destacarse y
no es solo por el amplio vocabulario y conocimiento
que se adquiere, sino por lo que ocurre con la mente,
la abre para entender el mundo de una mejor manera.
Ahora que ya se comprendió lo que en verdad sig-
nifica un libro, se puede empezar a analizar las causas
por las cuales los adolescentes ya no leen, y se debe
empezar por las escuelas. Estas instituciones no hacen
más que mostrar a la lectura como una tarea más,
creando un sentimiento de aversión hacia los libros,
pese a que está claro que los niños que leen desde
pequeños, encuentran fascinación en la lectura, son
mejores estudiantes y quedan inmunizados ante las
prácticas escolares de presentar la lectura como una
actividad tediosa y aburrida.
La pasión por los textos, y desde aquí nace otra
razón, surge en la familia, son los padres y hermanos
quienes incitan a tener una vida llena de lectura o
no, en otros casos, muchos jóvenes encuentran en los
libros una forma de escaparse de la realidad que están
viviendo.
Si se habla de estadísticas, según una encuesta del
Instituto Nacional de Estadísticas y Censos realizada
en 2012, el 26,5 % de los ecuatorianos no dedica tiempo
a leer, el 56,8 % no lo hace por falta de interés y el
31,7 % por falta de tiempo. Ante estos datos se pueden
concluir varias cosas: el hecho de que no existan en-
cuestas actuales sobre la lectura, demuestra que los
Ministerios de Educación y el de Cultura y Patrimonio
no tienen mayor interés en investigar para cambiar
esta realidad.
Con esto se comprueba que una de las razones prin-
cipales por la que a los adolescentes no les interesa
la lectura es porque no se tienen buenas bases en el
sistema educativo. «El deber de educar consiste en
enseñar a los niños a leer, a iniciarlos en la literatura,
en darles los medios de juzgar libremente si sienten o
no la “necesidad de los libros”» [1].
El autor francés Daniel Pennac también señala que
no se puede obligar a amar como no se puede obligar
a leer y ese es el problema que existe hoy en día; los
jóvenes prefieren ver la televisión o usar su celular
antes que tener que cumplir con esa obligación, que es
leer.
Por lo tanto, parecería ser una dificultad la forma en
la que se inculca la lectura, pues debería ser promovida
y estimulada de una manera positiva que muestre los
beneficios que esta genera en el crecimiento personal.
La lectura requiere un proceso adecuado que no sig-
nifique un acto tedioso o de obligación si esto es así,
como dice Aguilar en [2] «... se formarán malos lectores
y, en consecuencia, hasta el Quijote les parecerá un
adobe».
En Finlandia, un país que tiene uno de los mejores
sistemas educativos del mundo se cree que los niños
deben empezar a leer desde los 7 años, y no para con-
seguir buenas notas, sino como algo fundamental en su
formación, antes de los 7 años lo único que hacen los
niños es adaptar su mente a la cultura letrada, porque
tienen claro que este proceso no se puede imponer, es
algo que se aprende, nace en casa y se fortalece en
escuela.
En este país nórdico se unen la familia, la escuela
y las estructuras socioculturales como una base de su
modelo educativo donde, según [3], existe un ambiente
donde la discusión y la crítica del día a día desarrollan
la capacidad de abstracción y análisis, formulación de
conceptos y nacimiento de ideales en un niño.