
En el camino de la investigación 73
En el año de 1979 en Ecuador tras el triunfo del
binomio Roldós-Hurtado, luego de aproximadamente
diez años de gobiernos militares, renace la democracia
[2]. Esta se ha mantenido a lo largo de estos últimos
42 años, con aciertos, reelecciones o inclusive golpes de
Estado, demostrando así un clima político inestable
por decir lo menos.
La democracia no sirve con un pueblo desinfor-
mado; el populismo, los discursos demagógicos, la cor-
rupción, noticias falsas, campañas sucias desorientan
totalmente a la mayoría de votantes que así hipotecan
su futuro, a veces obnubilados por tal o cual candidato.
La indecisión se apodera de los votantes, hay una «so-
breoferta» de candidatos que tal vez esperan pescar a
río revuelto, sin propuestas de trabajo ni bases para
su desarrollo. Las elecciones de febrero de este año,
presentaron algo inconcebible, 16 binomios que disper-
saron el voto, gastaron innecesariamente recursos del
Estado, siendo este, otro posible factor para la desmo-
tivación o apatía frente a las elecciones, que puede
percibirse entre jóvenes y hasta en los adultos. En las
últimas elecciones generales 2021, el Consejo Nacional
Electoral con el 100 % de actas procesadas con un total
de 13 099 150 votantes, afirma que el 9,55 % de sufra-
gantes votaron nulo, el 3,10 % en blanco que equivale
a 1 013 468 y 329 459; mientras que el ausentismo es
del 19,01 % correspondiente a 2 491 093 habitantes
[3]. Si bien existe este ausentismo por los votantes a
razón de la pandemia de COVID-19, es preocupante
que la suma de blancos y nulos den como resultado
una cantidad considerable respecto a los resultados
generales, al sumar una indecisión del voto de 12,65 %,
llegando a ser superior a la votación total de muchos
binomios presidenciales.
La Constitución de Ecuador de 2008, Art. 64, nu-
meral 2, menciona que «el voto será facultativo para las
personas entre dieciséis y dieciocho años de edad (. . . )»
[4]. Este segmento de población está conformado por
633 044 habitantes [5] convirtiéndose en un apetecible
objetivo para los partidos políticos, mediante el uso
de campañas para manipular a jóvenes desinteresados
o a quienes están iniciando en el ámbito de la política.
Las campañas se enfocan en los sentimientos y emo-
ciones de las personas, logrando una mayor atracción
del pueblo para depositar su voto a favor de cierto
candidato o partido político, esto a su vez deja atrás
lo que realmente interesa que son las propuestas y el
método para realizarlas, los jóvenes son más inestables
en cuanto a emociones [6]. Podríamos afirmar que son
más proclives a caer en manipulación e ideologías que
impedirían un correcto discernimiento a la hora de
valorar a los candidatos y sus planes de trabajo.
«Las campañas electorales tienden a tratar al
público de manera infantil y paternalista con el obje-
tivo de anular su pensamiento crítico» [7]. Los partidos
políticos y sus candidatos promueven campañas en
donde el pueblo pueda sentirse identificado con ellos y
al mismo tiempo desarrollen un grado de empatía, por
lo que es más probable que se deposite la confianza
en alguien, creando una idea errónea del candidato
que incluso induce a las personas a ignorar el histo-
rial de los mismos. Los líderes o pseudolíderes asumen
posiciones mesiánicas que difícilmente logran, buscan
perpetuarse en el poder, orquestan lo jurídico a su fa-
vor, mientras el pueblo recibe dádivas y termina hasta
por consentir la corrupción porque «se hacen obras».
Urge una educación política que es posible, por otro
lado, no sea interés de este tipo de gobiernos, que más
bien podrían generar estrategias educativas alienantes.
Incluso sería bueno saber lo qué se entiende por
bien informado o desinformado. La información puede
ser falsa, parcializada o manipulada, los jóvenes es-
tán acostumbrados a recibir información inmediata y
muchos de ellos solo se conforman con lo primero que
aparezca en su muro, evitan hacer un análisis crítico
que, por otro lado, no siempre es fácil de ejecutar.
Finalmente, en semanas anteriores a las elecciones,
se llevó a cabo un debate obligatorio entre los can-
didatos a la presidencia. Este debate organizado por
el CNE no tuvo la trascendencia que debía, sirviendo
en muchos casos para la sátira y los populares memes.
En ciertos casos ese evento dividido en dos partes ter-
minó en una suerte de show, más que de información
donde los candidatos hablaban despectivamente de
otros, rompían las reglas del debate o evitaban res-
ponder las preguntas haciendo promoción a sus redes
sociales o quejándose de la propuesta de otro sin dar
argumentos, creando aún más desinterés por la idea de
creer que la política ecuatoriana es un simple chiste,
cuando esta es de alta importancia para la población.