
52 Juventud y Ciencia Solidaria.
afrontan una de las peores crisis humanitarias; está al
borde de la hambruna.
Afronta uno de los más fuertes conflictos olvidados
dada la escasa repercusión e importancia que recibe
este país, pues la comunidad internacional ha dedicado
muy pocos recursos para resolver esta situación debido
a la complejidad de este enfrentamiento.
¿Pero qué ocurrió para que el país decayera?
Yemen ha entrado y salido de conflictos dejando una
gran inestabilidad política desde los años 60.
El verdadero problema ocurre a partir de la década
de los 90 por la unificación de Yemen por el presidente
de aquel entonces, Ali Abdullah Saleh, quien logró
ejercer su cargo durante treinta y tres largos años.
Al llegar la primavera de 2011 se levantaron re-
vueltas populares en demanda de una amplia reforma
política y económica, además de las acusaciones de
corrupción y una gobernanza fallida.
Saleh se vio obligado a renunciar su cargo y fue
sustituido por su vicepresidente, Abd Rabu Mansur
Hadi, quien organizó la Conferencia de Diálogo Nacio-
nal y un Consejo de Cooperación del Golfo para así
asegurar la paz y mediar entre las facciones.
Como se esperaba, sus ideas tuvieron un apoyo
popular mínimo por lo que en septiembre de 2014, los
hutíes, un grupo armado de corte islam aliado con
Saleh, asestaron un golpe de Estado quedándose con
la capital, Saná, y la zona oeste del país.
En 2015, Hadi huyó del país y pidió ayuda a Ara-
bia Saudí, como principal aliado, transformando una
guerra interna en un enfrentamiento armado por dos
bandos, el primero formado por ocho Estados árabes
con la ayuda logística de Estados Unidos, Francia y
Reino Unido; mientras que, por el otro lado, se encuen-
tran los hutíes que ganaron más territorio en el norte.
En los últimos años las cosas han seguido empeorando.
Tras varios bombardeos a la región, en diciembre
de 2018 se firmó el conocido Acuerdo de Estocolmo me-
diado por la ONU, donde ambas partes acordaron un
alto al fuego y la distribución de ayuda a la población
afectada. Sin embargo, Hudaydah, lugar donde se re-
ceptan y almacenan los suministros y toda la ayuda
humanitaria enviada que beneficiaba a dos tercios de
la población yemení, sufrió un ataque con morteros
liderada por Arabia Saudí en junio de 2019.
A pesar de los intentos de negociación impulsados
por la Organización de las Naciones Unidas apoyada
por Estados Unidos y otros países, el conflicto ha
tenido pocos avances, dado a los diferentes intereses
que sostienen los actores que intervienen en esta guerra.
El alargamiento de este conflicto no ha hecho más
que poner en riesgo la vida de millones de personas
inocentes causándoles un sufrimiento inhumano. In-
numerables veces se han violado sus derechos como
humanos, por lo que actualmente al menos de veinte
millones de personas (66 % de la población) requiere
asistencia humanitaria proveniente del exterior para
poder sobrevivir y más de cuatro millones se vieron
obligadas a desplazarse por las condiciones que el en-
frentamiento armado ha dejado en sus hogares.
Además, según Unicef, el conflicto ha dejado sin
sueldo durante tres años a mínimo 500 000 personas.
El bloqueo por tierra y aire impuesto por Arabia
Saudí para evitar que el grupo hutí reciba ayuda ha
aumentado los índices de desnutrición y falta de ali-
mento, a su vez se observa un incremento en la tasa
de mortalidad infantil la cual se sitúa en cincuenta
niños fallecidos por cada mil recién nacidos, esto es
demasiado considerando que la población cuenta con
alrededor de 7,4 millones de niños.
La dramática situación empeora por la escasez de
agua cada vez más notoria, que atrae enfermedades
como la malaria convirtiéndolas en epidemias, sin con-
tar que durante los últimos años Yemen sufrió uno de
los brotes más grandes de cólera.
Y si esto fuera poco, únicamente el 50 % de las
instituciones de salud pública están vigentes por la
ausencia de suministros médicos.
Lamentablemente, la operación para asistencia hu-
manitaria en Yemen es la más grande en el mundo,
pero también muy poco financiada y debido a ello 12
de los 38 programas de la ONU están cerrados o se han
reducido drásticamente mientras la economía yemení
se desgarra.
El ACNUR, alto comisionado de la ONU para los
refugiados, ha decidido priorizar a las familias más vul-
nerables, dejando a millones sin apoyo ante un factor
que ha arrasado con la vida de muchas personas, el
COVID-19.