
58 Juventud y Ciencia Solidaria.
y de otros sectores profesionales, pero no olvidemos
esa tarea silenciosa: el trabajo en el hogar con aque-
llas personas que siempre están ayudando sin esperar
alguna expresión a cambio, es decir, aquel que no es
remunerado: el de las mujeres en el hogar.
Pese a esta crisis estamos observando todos los
cambios en la economía, muchas de las personas in-
fravaloran e invisibilizan a las mujeres y niñas, no
olvidemos que son las que mantienen la vida en este
mundo.
Podemos observar que fue a las mujeres a quienes
trajo mayor malestar psicológico, que afectó en varios
aspectos como el optimismo, la confianza, los cam-
bios de humor y sin dejar de lado todo el trabajo en
el hogar con las exigencias del teletrabajo trayendo
consigo varios problemas [1].
Por otro lado, la violencia que soportaron durante y
después de la pandemia se incrementó; por la situación
con el virus, todos los servicios de salud y líneas tele-
fónicas de ayuda están completamente ocupadas, por
lo cual se sugiere que retomen las medidas de ayuda
para ellas, alrededor de todo el mundo incluso antes de
esta enfermedad comprobaban que una de cada tres
mujeres sufría violencia de diferentes clases.
En nuestra ciudad Cuenca, por cada parte pode-
mos encontrar a varias mujeres ejerciendo su profesión,
y no ha parado durante la pandemia. Pero muy do-
lorosamente nuestra batalla nunca se terminará, si bien
hemos visto mujeres integradas en el mercado labo-
ral, no significa que sean libres por completo. Algunas
además de las tareas profesionales, criando a los hijos
por sí solas.
La mujer ha sido criticada hasta por la simple ac-
ción de trabajar, pues muchas personas no las toman
en cuenta y las menosprecian y hacen comentarios
ofensivos simplemente por ser mujer.
Esto también tiene que ver con el gran sistema pa-
triarcal que al menos en nuestro país se sigue viviendo
día a día.
Aun así, toda la humanidad debería luchar por
la libertad completa de la mujer puesto que son tan
indispensables y valiosas como los hombres, quitando
los pensamientos de superioridad, son muy pocas las
personas que se preocupan y de verdad luchan para
cambiarlo.
En la actualidad se sigue viviendo la violencia, dis-
criminación y otros tipos de crueldad hacia la mujer,
ya que muchos aún piensan que no merecen la igualdad
de derechos que los hombres.
En la pandemia muchas personas se han quedado
sin empleo y ha sido muy complicado conseguir un
nuevo trabajo; en diversos empleos no reciben féminas
solo por pertenecer al llamado «sexo débil» o diferentes
razones.
En la cuarentena con la explotación laboral y
doméstica, se ha limitado a las mujeres, situación que
no es nueva pues ha sido un método del patriarcado
para sostener la inferioridad y subordinación; haciendo
ver así para considerables personas que el hogar y las
labores dentro de él corresponden solo a las mujeres.
Ha sido evidente que en incontables casos y en
muchas partes del mundo los servicios y gran parte
de seres humanos no están listos para enfrentar estos
tipos de conflictos y problemas. Desde el inicio de esta
pandemia el mundo ha sufrido una gran transforma-
ción; una evolución que logró ser muy notoria fue el de
la violencia dentro de casa, siendo el mismo hogar una
bomba de tiempo que no ofrece ninguna protección o
seguridad.
Se crearon movimientos con el fin de visibilizar la
problemática y buscar acciones para cambiarla. La
falta de recursos impidió que muchas personas logren
estudiar y conseguir más oportunidades y al estar en
casa, mujeres y niñas se quedaron atrapadas en una
situación vulnerable al sufrir de algún tipo de violencia.
Durante la cuarentena del primer semestre del año
2020, el ECU-911 reportó que recibían una llamada
de emergencia por violencia basada en género cada
cinco minutos, entre semana, mientras que los viernes
y domingos una llamada cada tres minutos.
Antes de la emergencia sanitaria, la Fiscalía Gene-
ral del Estado recibía semanalmente 660 denuncias por
maltrato, y en tiempo de confinamiento alcanzaron
hasta 80, esto no significa que los ataques dismin-
uyeron, por el contrario, se redujeron los espacios y
canales para pedir auxilio, debido a que estaban las 24
horas con el agresor [4].