REVISTA
JUVENTUD Y CIENCIA SOLIDARIA:
En el camino de la investigación
Armas de destrucción masiva: El lado
oscuro de la ciencia
Amelia Cristina Díaz Vimos, María Vanessa Orellana Cobos
Amelia Cristina Díaz Vimos, nací
el 28 de octubre del 2004, tengo 17 años y
estudio en la Unidad Educativa Salesiana
María Auxiliadora. Me gustan los deportes,
la música y la tecnología.
María Vanessa Orellana Cobos,
nací el 10 de julio del 2004, tengo 17 años
y estudio en la Unidad Educativa Salesiana
María Auxiliadora. Me gustan la pintura,
la música y leer libros.
Resumen
La historia de la humanidad se ha visto manchada por
armas capaces de causar destrucciones sin precedentes.
La ciencia también ha sentido este hecho, siendo afec-
tada con su uso malintencionado para el beneficio de
pocos. Un lado oscuro que casi nadie tiene la valentía
de contar, pues los usos despreciables de la investi-
gación de ilustres científicos, siempre repite el mismo
patrón. El gas sarín, ántrax y la bomba atómica son
algunos de los tantos ejemplos que el ser humano ha
presenciado. Ausencia de moral, conciencia y sensatez,
cualidades que nos preguntamos si dejaron de existir.
Las consecuencias son catastróficas, y cada momento
relevante tiene un inicio y un desenlace.
Palabras clave: gas sarín, Segunda Guerra Mundial,
radiactividad, ántrax, armas destructivas
Explicación del tema
Una lógica que nunca entenderemos, es la falta de
moral de aquellos con la posibilidad de crear caos. La
historia ha sido testigo de siglos llenos de guerra y
sangre, donde la humanidad como protagonista ha
suscitado su propio destino apocalíptico. Bajo este
contexto, tres armas con la capacidad de diezmar
la población han sido creadas en diferentes periodos,
desde la Primera Guerra Mundial hasta la actualidad.
39
40 Juventud y Ciencia Solidaria.
Armas nucleares que se caracterizan por su explosión
de alto poder y onda expansiva de largo alcance [1]. A
estas le siguen las armas químicas, donde se utilizan
agentes gaseosos, la mayoría gases nerviosos con la
capacidad de incapacitar al enemigo a través de la
síntesis de un compuesto mortífero. Muchos de estos,
con componentes tales como cloro, fosgeno, difosgeno
y cloropicrina, que al ser procesados pueden llegar a
crear uno de los gases más mortales, el gas mostaza
[2]. Por último, un terror más actual, el bioterroris-
mo, con la utilización de agresivos microbiológicos ya
existentes capaces de ser modificados y propagados
silenciosamente. Así, to do agente biológico puede ser
usado como arma, virus como la Variola (viruela) o bac-
terias como Yersinia pestis (enfermedad de la peste).
Todo cuento tiene un villano, un antagonista que jamás
cuenta desde su perspectiva, ahora la ciencia hablará
a través de los ojos de la historia, las atrocidades que
han cometido durante siglos infundiendo terrores e
infortunios [3].
Los inicios de las armas nucleares se remontan a
Marie Curie, la pionera de la radiactividad con su
descubrimiento del radio y polonio en 1895. Tras la
muerte de ella, los estudios sobre el tema siguieron
siendo de importancia, y se llegó a descubrir, a través
de un error, dos elementos más, los cuales terminaron
siendo empleados para las bombas atómicas que serían
dirigidas hacia Hiroshima y Nagasaki en 1945 [4], [5].
Las consecuencias en la salud fueron catastróficas,
todos los efectos dependían del grado de radiación al
que fueron expuestos los afectados. Sin embargo, el
estudio sobre este tema aún sigue en constante evolu-
ción. Así, el terror de la nueva era de la energía nuclear
había comenzado. Ideales de grandes científicos, fueron
transformados en una depravada arma de destrucción
mundial [6].
Figura 1. Agresivos químicos
Fuente: [1]
El uso de la ciencia continuaría haciendo eco, pues
las armas químicas empezarían a gestarse silenciosa-
mente en la sociedad alemana. El gas sarín es un com-
puesto orgánico que originalmente fue desarrollado
como un pesticida, dado que fue sintetizado en 1938
en un intento de fabricar un insecticida más efectivo
contra las plagas de los plantíos. Sin embargo, su uso
fue cambiado y empleado como un arma; pues al ser un
líquido claro, incoloro, insípido e inodoro, tiene la posi-
bilidad de convertirse en un gas que puede propagarse
en el aire de forma inadvertida. Durante 1939, a modo
de prueba, en nombre de la ciencia, el gas fue utilizado
en los campos de concentración bajo la orden de Adolf
Hitler para conocer si tal objeto podría ser efectivo
para su campaña narcisista [7]. El gas sarín, conocido
también como gas nervioso, dentro de lo que cab e
en la química, es un organofosfato altamente tóxico
que se encuentra en estado gaseoso. Casi la totalidad
de las investigaciones en cuanto a su uso como arma
química se llevan a cabo por entes militares, esto se
debe a que los ingredientes para sintetizar este y otros
organofosfatos están disponibles en el mercado y son
extremadamente fáciles de sintetizar [8].
Para entender de manera más centralizada a este
gas, los organofosforados son sustancias orgánicas
derivadas del ácido fosfórico las cuales se absorben
fácilmente al ser liposolubles con un elevado volumen
de distribución en tejidos. Su alto grado de toxicidad
se debe a la inhibición de la enzima acetilcolinesterasa
cuya función es desactivar la acetilcolina en el sis-
tema nervioso; este proceso crea un gran impacto en
el cuerpo. ya que la acetilcolina es uno de los neuro-
transmisores más importantes del sistema nervioso. La
unión de los organofosforados a la acetilcolinesterasa
es irreversible, por lo cual los síntomas al ser expuestos
a este gas persisten hasta tres meses, el tiempo que
tarda en regenerarse esta enzima en nuestros cuerpos
[9].
Figura 2. Bacilos de ántrax
Fuente: [2]
En el camino de la investigación 41
Como todo cuento de terror, la maldad no llegaría
hasta ahí, pues las nuevas armas biológicas empezarían
a ser escuchadas desde 2001. Remontándonos a 1871,
el ántrax sería el protagonista de descubrimientos bio-
lógicos llevados de la mano del médico y microbiólogo
alemán Robert Koch. Aquella idea de utilizar agentes
infecciosos con fines destructivos, dejó de ser una su-
posición para pasar a ser una realidad [11]. El bioterro-
rismo pasaría a ser una preocupación de nivel mundial,
con el primer ataque en Estados Unidos, donde el bacilo
Anthracis sería esparcido a través de cartas y correos.
Aquel día, el pueblo estadounidense no esperaría tal
ataque, y el sistema de salud no sabría lo que más
tarde las esporas causarían mientras se encontraban
ya circulando de manera veloz, silenciosa y mortífera
[12]. El ántrax ha sido el principal agente biológico
estudiado y producido por los diferentes países para
la creación de las armas biológicas a lo largo de la
historia.
Anthracis es una bacteria que infecta a los her-
bívoros, se puede presentar en tres formas dependien-
do de la vía de entrada en el organismo, pero en este
tipo de arma se lo utiliza generalmente por inhalación.
Al ser inhalado el ántrax, estos son fagocitados por
macrófagos que llegan a los dulos linfáticos en donde
la espora germina produciendo una toxina que es la
responsable final de la enfermedad. Los dulos linfáti-
cos más afectados son los que se encuentran alrededor
del corazón y los pulmones. Su tasa de mortalidad es
de entre 90 a 100 % y esto se debe a que el antibiótico
no tiene ninguna acción sobre las toxinas producidas
en el cuerpo [13].
Conclusiones
Se concluye con una imagen real y sin filtro de cómo
la ciencia ha sido utilizada en el tiempo, como pasó de
ser una esperanza de vida con el único fin de generar
un proceso evolutivo capaz de ser usado para el bene-
ficio de la humanidad, a ser la fuente de creación de
armas químicas, biológicas y nucleares que destruyan
la vida. Pensamiento contradictorio, pues ha dejado
en duda si la ciencia es buena o mala. Aunque los
años han mostrado estos deplorables actos de guerra y
sus consecuencias, la sociedad no ha sabido discernir
entre lo bueno y lo malo, ya que existen guerras en
curso. Es tan fácil sacar al mercado nuevas armas de
ataque y más sencillo aún esparcirlas. Un movimiento
en falso y miles de vidas son quitadas, el mundo se
ha escondido tras la hipocresía de hablar de política
y ciencia. Un desacuerdo político, y una de estas ar-
mas podría ser lanzada, un botón con la capacidad
de activar armamento nuclear o drones silenciosos con
agentes químicos y virales. Un lado oscuro que jamás
dejará de sorprendernos, un lado oscuro que marcará
a la ciencia con miles de millones de muertes tras de
ella, recordándonos lo que el mundo ha hecho.
Referencias
[1] Paredes, F., Roca, J. y Fernández M. (2001). Agre-
sivos químicos, biológicos y armas nucleares. Efec-
tos y prevención. Salud Pública Elsevier. Vol. 20.
N.º 11, pp. 107-110. [En línea]. Disponible en short-
url.at/ekvJP
[2] Madsen, J. (2019). Agentes de guerra química
nerviosos. Manual MSD. [En línea]. Disponible en
shorturl.at/jlyJU
[3] Cabezas, C. (2003). Uso de armas biológicas: una
amenaza no muy lejana. Revista Peruana de Medici-
na Experimental y Salud Publica, 20(1), 3. [En
línea]. Disponible en shorturl.at/finvR
[4] Muñoz, A. (2013). Marie Sklodowska-Curie y la
radiactividad. Mujeres en la química. Vol.2,
N.°24, pp. 224-228. [En línea]. Disponible en short-
url.at/hQ039
[5] Sola, C y Sotelo, M. (2020). La bomba atómica
después de Hiroshima y Nagasaki. El difícil camino
hacia el control de la energía nuclear. En claves del
pensamiento. Vol.14, N.°28. [En línea]. Disponible
en shorturl.at/mvAOP
[6] World Health Organization. (1993). Consejo Ejecu-
tivo, Actas resumidas 91.a reunión. Ginebra. [En
línea]. Disponible en shorturl.at/bfuQU
[7] Suárez, M (2019). La Ética de la Química Orgánica.
Revista Encuentro con la Química. Vol. 5, N.º 3,
pp 24-27. [En línea]. Disponible en short-
url.at/ekBTY
[8] Cuartas, E. (1995). El gas sarín: Efecto y
tratamiento, recientes investigaciones. Revista CES
Medicina. Vol. 9, N.º 2. [En línea]. Disponible en
shorturl.at/jBR28
42 Juventud y Ciencia Solidaria.
[9] Pino, A. y Brezmes, M. (2021). Intoxicación por
organofosfatos. Sociedad y fundación española de
cuidados intensivos pediátricos. [En línea].
Disponible en shorturl.at/gknGS
[10] BBC News. (2012). Más cerca de una vacuna con-
tra el ántrax. BBC News Mundo. [En línea].
Disponible en shorturl.at/bgABC
[11] Silveira, E. y Pérez, A. (2010). Historia de las ar-
mas biológicas y el bioterrorismo. REDVET. Re-
vista electrónica de veterinaria. Vol.
11, N.º 3B, pp 1-10. [En línea]. Disponible en short-
url.at/cuJOR
[12] CDC. (2014). El ántrax. Bioterrorismo. [En línea].
Disponible en shorturl.at/cdoLS
[13] Pita, R. y Gunaratna, R. (2008). El agente etio-
lógico del ántrax maligno como arma biológica y su
posible uso en atentados terroristas: A propósito
de la crisis del 2001. Athena Intelligence Journal.
Vol.3 N.° 3, pp. 21-55. [En línea]. Disponible en
shorturl.at/dyDTU