REVISTA
JUVENTUD Y CIENCIA SOLIDARIA:
En el camino de la investigación
Impacto de hábitos saludables en la
vida adolescente
María Emilia Córdova Carpio, Paula Sofía Duchi Ñauta,
Andrea Estefanía Ordóñez Arízaga
María Emilia Córdova Carpio.
Estudio en el primer año BGU de la Unidad
Educativa Particular Salesiana María
Auxiliadora. Me gusta realizar actividad
física, pintar y escuchar música. Quiero
estudiar Odontología y especializarme en el
área de Ortodoncia.
Paula Sofía Duchi Ñauta. Estudio
en el primer año BGU de la Unidad
Educativa Particular Salesiana María
Auxiliadora. Me gusta comer, dormir, jugar
voleibol y leer. Quiero estudiar Medicina en
y convertirme en una gran profesional.
Andrea Estefanía Ordóñez Arízaga.
Estudio en el primer año BGU de la Unidad
Educativa Particular Salesiana María
Auxiliadora. Me gusta pasar tiempo de
calidad con mi familia, cantar y dar largas
caminatas. Quiero estudiar Medicina y
ejercer mi vocación con el fin de ayudar a
los demás.
Resumen
En la última década, la calidad de vida de la hu-
manidad ha cambiado radicalmente, generando al-
teraciones y desconocimiento en cuanto a una correcta
alimentación en los adolescentes. Más allá de con-
siderar a la juventud como una etapa de constantes
alteraciones, tanto en el aspecto físico como psicológico,
esta trae consigo un gran riesgo nutricional, por lo
que es indispensable implementar adecuados hábitos
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alimenticios y de actividad física que permitan pre-
venir problemas en la salud en la actualidad y, por
supuesto, en un futuro. El presente artículo tiene el
objetivo de demostrar el papel que cumple una dieta
equilibrada junto con la ejecución de cualquier ejercicio
que implique un gasto de energía en el desarrollo del
adolescente, así como las consecuencias y beneficios
que se presentan dentro de la salud.
Palabras clave: nutrición, adolescencia, actividad
física, psicología, salud
Explicación del tema
La juventud es considerada una etapa en la cual se
dan múltiples cambios, en donde se debe aprender a es-
tablecer hábitos saludables que permitan desarrollarse
correctamente.
La adolescencia se considera una fase en donde
se da lugar a un gran desarrollo psicosocial y físico.
Comienza entre los 10-15 años de edad y termina
alrededor de los veinte. Incluso se la puede definir
como un periodo de preparación y aprendizaje para la
vida adulta [1].
Durante esta etapa, aumentan las necesidades nu-
tricionales, proteicas, energéticas y de micronutrientes,
por lo que la nutrición comienza a desempeñar una
función indispensable en el desenvolvimiento del indi-
viduo. Varios factores influyen en la adolescencia al
momento de completar la ingesta de nutrientes necesa-
rios, entre estos se encuentran los cambios propiamente
biológicos, la supresión de cualquier comida durante
el día, el consumo dentro de establecimientos de los
famosos «fast foo y la ingesta de calorías vacías.
Estudios confirman que entre el 30 y el 50 % de
los adolescentes no desayunan, debido a factores como
la falta de tiempo o apetito en la mañana. Un elevado
porcentaje de la población adolescente, ha buscado
mantener un peso ideal a través del seguimiento de
dietas para nada sanas, puesto que se desconoce lo que
implica mantener una dieta equilibrada [2].
Según la OMS [3] «una dieta saludable ayuda a
protegernos de la malnutrición en todas sus formas,
así como de las enfermedades no transmisibles, entre
ellas la diabetes, las cardiopatías, los accidentes cere-
brovasculares y el cáncer» (p. 1). El organismo necesita
alrededor de cuarenta nutrientes diferentes para poseer
la capacidad de completar todas las actividades diarias.
Es importante recalcar que ningún alimento, a excep-
ción de la leche materna, está constituido de todos los
valores energéticos y nutricionales necesarios, por con-
siguiente, no se puede restringir la ingesta de ningún
grupo alimenticio. Pinto y Carbajal [4] recomiendan
que:
Las proteínas aporten entre un 10 y un 15 % de
las calorías totales.
Los lípidos, menos del 30-35 %.
Los hidratos de carbono, al menos el 50-60 %
restante, siendo mayoritariamente hidratos de
carbono complejos. Los mono y disacáridos (ex-
cepto los de lácteos, frutas y verduras) no deben
aportar más del 10 % de la energía total.
Si existe consumo de alcohol, su aporte calórico
no debe superar el 10 % de las calorías totales
(p. 39).
Actualmente, se puede observar que este grupo
poblacional ha aumentado el consumo diario de proteí-
nas, lípidos, colesterol, hidratos de carbono refinados y
sal, sin embargo, ha disminuido el consumo de fuentes
de fibra, hidratos complejos, vegetales y frutas [5].
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Tabla 1. Grupos alimenticios y sus raciones
Grupos de alimentos y cantidades adecuadas
Grupo Ración
Grupo 1 Cereales, arroz, pasta
y pan
1 rebanada de pan; 30 g de cereal; media taza de arroz o pasta
Grupo 2 Vegetales Una taza de vegetales crudos con hoja; media taza de vegetales crudos
o cocinados
Grupo 3 Frutas
Una manzana, plátano o naranja; media taza de fruta envasada; ¾ de
taza de zumo de fruta; ¼ de taza de fruta seca
Grupo 4 Lácteos Una taza de leche o yogur; 45 g de queso natural
Grupo 5 Carnes
60-90 g de carne magra (pollo o pescado); media taza de legumbres
cocinadas o un huevo, 1/3 de taza de frutos (es similar a 30 g de carne)
Fuente: [2]
No solo es preciso que los alimentos ingeridos sean nu-
tritivos, sino que también se cumpla con el ejercicio físico
recomendado, mismo que es entendido como «aquella ac-
tividad física que se realiza de una forma determinada y
con objetivos concretos» [6].
Actualmente, se ha logrado reconocer que un alto por-
centaje de adolescentes emplea su tiempo en actividades
sedentarias, las cuales no les permiten gastar las calorías
necesarias. Son diversos los estudios que destacan al seden-
tarismo como un problema que ataca directamente a la
salud; por tal motivo, se recomienda que niños y adoles-
centes dediquen una hora de ejercicio físico moderado a
intenso, diariamente.
Baracaldo Fuentes [7] menciona que «la exposición
regular al ejercicio físico se asocia con la reducción de en-
fermedades crónicas no transmisibles y por consiguiente
la mortalidad». El ejercicio físico, practicado regularmente
brinda varios beneficios evidentes para la salud. Bascón [8]
menciona algunos de ellos:
Disminuye el riesgo de las enfermedades del corazón,
diabetes, cáncer de colon y osteoporosis.
Mantiene o incrementa la fuerza, flexibilidad y den-
sidad de los huesos.
Reduce el riesgo de caídas entre personas más viejas.
Mejora la salud mental y el humor.
Releva síntomas de depresión y ansiedad y mejora
habilidades sociales.
Ayuda al mantenimiento del peso o pérdida, re-
duciendo grasa del cuerpo y aumentando la masa
del músculo.
En este contexto, no solo se requiere ejercicios de gran
esfuerzo (trotar, correr, saltar), los cuales podrían llegar a
fatigar al adolescente; basta con que se realice diariamente
algún tipo de actividad física, entendida como «todas aque-
llas actividades que hacemos a lo largo del día en las cuales
consumimos energía a través del movimiento corporal» [9],
para que logre quemar las calorías necesarias. Además,
se puede adicionar una rutina de ejercicios, la cual se re-
comienda poner en práctica todos los días para lograr los
objetivos que se plantean.
Tabla 2. Grupos alimenticios y sus raciones
Adolescentes-Jóvenes 12-18 años aproximadamente
Ejercicios Tiempo
Planchas abdominales
frontales
1 minuto 3 repeticiones
Saltar la cuerda 1 minuto 2 repeticiones
Estocadas 10 repeticiones 3 series
Burpees 8 repeticiones 2 series
Andar en bicicleta 20 minutos
Fuente: [9]
Una buena alimentación va de la mano con una buena
salud mental. Durante la adolescencia, la persona se encuen-
tra propensa a experimentar cambios físicos y psicológicos,
donde el desarrollo de la identidad corporal toma un im-
portante papel. La contaminación visual se ha convertido
en un determinante dentro de esta etapa, pues cada vez es
mayor el número de jóvenes con la necesidad de encajar
con los altos ideales de belleza y estereotipos que imponen
la sociedad.
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Los adolescentes tienen la errónea tendencia de rela-
cionar la belleza con un bajo peso y con la delgadez [10].
Así surgen los desórdenes alimenticios, en donde dichas
patologías influyen en la presencia de elevadas alteraciones
dentro de las conductas alimenticias [11]. La ansiedad y la
depresión son factores correlacionados con dichos desba-
lances, de igual manera, variaciones psicológicas son sus-
tanciales para determinar el comportamiento del individuo
y la manera en el que este actúa [12].
Dentro de los trastornos alimenticios, se encuentra la
anorexia y la bulimia, enfermedades que resultan de una in-
satisfacción corporal y el deseo inaudito por contar con un
cuerpo modelo. La anorexia es aquella enfermedad en que
la persona se rehúsa a ingerir alimentos, con el propósito de
bajar de peso y mantenerse en una contextura cada vez más
delgada [13]. Dentro de los síntomas más frecuentes de este
trastorno se encuentran una clara desnutrición, una dis-
minución radical de peso, dolores de estómago, desmayos,
mareos, piel seca, caída del pelo, problemas dentales, entre
otros. Pacientes anoréxicos frecuentemente pueden caer en
depresión, cambiar su personalidad y sus estados de humor
[14].
Por otro lado, la bulimia es una enfermedad que se
caracteriza por buscar mantener un peso bajo mediante
la interrupción de la digestión completa de los alimentos,
ya sea, por medio del vómito o por el uso constante de la-
xantes. Los pacientes bulímicos suelen tener pensamientos
constantes en la comida y episodios donde la necesidad
de alimentos, a causa del hambre, les produce el impulso
de ingerir de manera abusiva grandes cantidades de la
misma. La bulimia puede presentar síntomas de tristeza,
irritabilidad y una dificultad en la concentración [15].
Las enfermedades previamente mencionadas son consi-
deradas obsesivas, pues una vez que el individuo empieza a
realizarlas lo encuentran muy difícil detenerse. La gravedad
de dichas enfermedades queda expuesta principalmente en
los elevados índices de morbilidad, problemas cardiovascu-
lares, irregularidades en el ciclo menstrual y disminución
en la capacidad muscular. Diagnosticar un trastorno ali-
menticio no es del todo sencillo, puesto que, el paciente
enfermo negará su estado, evitando buscar ayuda externa.
Para llegar a un diagnóstico, primero deben aparecer otras
complicaciones médicas [16].
Los tratamientos empleados para los trastornos alimen-
ticios se centran principalmente en que el paciente pueda
recuperar el peso perdido. Dichos tratamientos deben con-
tar con la guía de una serie de profesionales como médi-
cos, psicólogos, psiquiatras, nutricionistas y terapistas, así
mismo, para que el tratamiento sea exitoso, este debe ir a
la par con el apoyo familiar y con una buena construcción
de la imagen corporal [17].
El dejar de comer no debería ser tan siquiera una op-
ción, pero se puede modificar las porciones, la fuente de
alimentos y la cantidad de actividad física. Una correcta
dieta alimenticia es considerada el medio adecuado para
mantener una buena compostura corporal, sin la necesi-
dad de recurrir a los trastornos alimenticios previamente
mencionados.
Conclusiones
Los adolescentes deben adquirir hábitos adecuados
con el fin de mantener una salud estable en el futuro.
Una alimentación saludable es la base energética de
nuestro cuerpo, la cual nos permitirá realizar dife-
rentes actividades durante el día.
Con ayuda de una dieta balanceada y ejercicio físico
adecuado, se podrían prevenir varias enfermedades
causadas por el sedentarismo.
Una vida saludable permite tener una buena salud
mental, sin embargo, estereotipos se han encargado
de contaminar la mente de muchos adolescentes, cau-
sando así trastornos alimenticios.
Consideramos que los hábitos correctos constituyen
una parte fundamental dentro de la salud de una
persona, pues estos le permitirán llevar una vida dis-
ciplinada en donde el deporte y la sana alimentación
sean los que predominen. Hoy en día, parte de la
población adolescente ha realizado cambios en sus
hábitos alimenticios que lo han alejado del objetivo:
conseguir una dieta equilibrada que pueda contribuir
notablemente en su salud, sin embargo, si la per-
sona adquiere dichos hábitos desde temprana edad,
le resultará muy fácil el proceso, debido a que será
algo que hará día a día. De la misma manera, cabe
recalcar las grandes ventajas del ejercicio físico: mejo-
ras en la salud, reducción del nivel de estrés, buena
autoestima, etc. Es indispensable que el adolescente
pueda disfrutar su comida, se mantenga activo y
consuma una dieta que cubra todas sus necesidades
nutricionales y energéticas.
Referencias
[1] I. Díaz, «Desarrollo del adolescente: aspectos físicos,
psicológicos y sociales,» Pediatría Integral, pp. 88-93,
2013.
66 Juventud y Ciencia Solidaria.
[2] Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalariaria.
Programa de Formación Continuada en Pediatría Ex-
trahospitalaria,» Pediatría Integral, vol. XI, Ergon,
2007, pp. 295-369.
[3] OMS, «Organización Mundial de la Salud,» (31 agosto
2018). [En línea]. Disponible en shorturl.at/stEFW
[4] J. Pinto y Á. Carbajal, La dieta equilibrada, prudente
o saludable, Madrid: Instituto de Salud Pública, 2003,
pp. 1-84.
[5] C. Pérez, «Trastornos en la conducta alimentaria,» de
Alimentación y Edicación Nutricional en la Adolescen-
cia, 2007, pp. 600-634.
[6] P. C. Garzón, M. D. Fernández, P. T. Sánchez y M.
G. Gross, «Actividad físico-deportiva en escolares ado-
lescentes,» Retos: nuevas tendencias en educación física,
deporte y recreación, n.º 3, pp. 5-12, 2002.
[7] D. A. Baracaldo Fuentes, «Revisión de la importancia
de la actividad física en la secreción de interleuquina 6
para la reducción del tejido adiposo en la obesidad.»
2020.
[8] M. A. P. Bascon, «Actividad física y salud,» 1994.
[9] O. Cintra Cala y Y. Balboa, «La actividad física: un
aporte para la salud,» Lecturas: Educación física y
deportes, n.º 159, p. 5, 2011.
[10] C. Maganto y. S. Cruz, «La imagen corporal y los
trastornos alimenticios,» Facultad de Psicología Uni-
versidad del País Vasco, 2000.
[11] NIM Health, «Los trastornos de la alimentación: Un
problema que va más allá de la comida,» National
Institude of Mental Health, 2022.
[12] E. Montenegro, T. Blanco, P. Almengor y C. Pereira,
«Trastornos alimenticios, ansiedad y depresión en una
muestra de estudiantes de Psicología de la Universidad
de Costa Rica,» Universidad de Costa Rica, 2009.
[13] C. Núñez, O. Moreiras y A. Carbajal. «Anorexia
nerviosa y nutrición,» Fundación Española de la Nutri-
ción, 1995.
[14] NHS Choices, «La anorexia nerviosa,» NHS Choices,
2008.
[15] M. F. Rava y. T. J. Silber, «Bulimia nerviosa: Historia,
Definición, epidemiología, cuadro clínico y complica-
ciones,» Arch.argent. pediatr, 2004.
[16] J. Fuertes Ortiz, R. Pérez y A. «Offarm,» 2010. [En
línea]. Disponible en shorturl.at/fG045
[17] S. Márquez, «Trastornos alimentarios en el deporte:
factores de riesgo, consecuencias,» Nutrición Hospita-
laria, 2008.