
80 Juventud y Ciencia Solidaria.
bras: «música comercial», esta, ya sea buena o mala,
de cualquier género, ritmo o estilo, si se vuelve viral
alcanza el éxito deseado, y el público se acostumbra a
eso y de ahí surge el problema.
Por lo general, los temas oscilan entre tres a cuatro
minutos porque, desde la aparición de la radio y las re-
transmisiones en vivo, se especificaba que las personas
perdían el interés si esta duraba mucho, o no se dis-
frutaba si duraba menos de eso. Cabe recalcar que aun
así hay hits musicales que duran más de lo establecido,
en especial en el género del rock, Bohemian Rapsody
de Queen, Stairway to Heaven de Led Zeppelin, Zwei
Jahre de Phrasenmäher, Orion de Metallica, y la lista
continúa.
Para escuchar una composición clásica, normal-
mente, se debe dejar lo que se estás haciendo, prestar
atención. Esto es más que solo enfocarse en escuchar
la letra como algo más repetitivo que un coro, más
bien implica que no descartar a ningún instrumento y
disfrutar de cada intervención de los mismos, ya que
aquí los patrones no son similares, cada uno tiene su
propio papel. Todo es cuestión de prestar atención [1].
Haciendo un análisis en la historia sobre la música
clásica, sobresale el nombre de Antonia Brico. ¿Quién
es ella? Una neerlandesa que se convirtió en directora
de orquesta sinfónica, la cual estaba conformada úni-
camente por mujeres. Antonia, a pesar de mantener
su lucha vigente, fue tomada como el mínimo esfuerzo
para romper la tradición misógina de la sociedad de
ese entonces. No significa que ella no se dedicó a ello,
sino que su nombre y su credibilidad, debido a discrimi-
nación y falta de apoyo, fueron más grandes que su
voluntad.
Figura 1. Antonia Brico en sus días de orquesta
Fuente: [2]
La sociedad la llevó a toda clase de humillaciones,
empezando desde su madre adoptiva, quien le exigía de
manera repetida dinero para subsistir, hasta la de los
músicos que no aceptaban ser dirigidos por las manos
de una mujer [3].
Sin embargo, uno de sus logros más conmemorados,
fue en 1930 pudo dirigir a una de las orquestas más
prestigiosas: La filarmónica de Berlín, aunque como
una invitada más.
Para 1947, Brico se instaló en Denver; su pequeña
orquesta se fue destruyendo poco a poco, tras varios
años de intentar e intentar, pasó de conformar su
orquesta solo por mujeres a incluir algunos hombres
también. Sin embargo, esto no significó aceptación del
público, sino más abandono por su parte, ya que ellos
decían perder el interés por esta revolución [3].
Su legado quedó casi en el olvido, hasta que, en
1989, la rusa Veronika Dudárova pasó de asistente a
directora, y consiguió dirigir la Orquesta Sinfónica
Estatal de Moscú.
Al parecer, a nadie le interesaba mucho este tema.
En el 2018 Global Women in Music for Human Rights
recibió más de quinientas partituras, de cientos de
países. Entonces, el problema no es que las mujeres
no están ahí, las mujeres están allí. ¿Si están allí
entonces porque no son conocidas? [4]. Las mujeres
eran discriminadas, pero ellas también se hacían de
menos por muchas razones, porque si le preguntáramos
a cualquiera, incluidas propias mujeres si conoce a
una sola compositora clásica, no sabría responder de
ninguna manera, confirmando así que esto es cierto,
nadie les da relevancia alguna.
Viendo este tipo de situación, la organización es-
pañola AMCE, junto a asociaciones clásicas y moder-
nas, se juntaron para recoger datos reales sobre cuántas
mujeres conformaron en realidad, o fueron parte de
los procesos de creación y dirección musical de las
orquestas [65].
Figura 2. Datos sobre obras interpretadas
Fuente: [2]