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Juventud y Ciencia Solidaria
accesible. En la actualidad, esta carne se considera un costo de producción, podría mantener la dependencia
producto de lujo, ya que un kilogramo puede alcanzar hacia las industrias ganaderas tradicionales.
un precio aproximado de 80 dólares, frente a los 5,6
dólares que cuesta la carne convencional.
A pesar de las reservas mencionadas, los estudios
muestran una tendencia creciente hacia la apertura
frente a la carne sintética. El 66 % de las personas en-
cuestadas afirma estar dispuesta a probarla, mientras
que el 43 % no se muestra comprometido a consumirla
de manera frecuente. Sin embargo, el 94 % de los en-
cuestados no está dispuesto a pagar un precio superior
al de la carne convencional [4].
No obstante, es importante considerar que la gas-
tronomía constituye uno de los elementos más repre-
sentativos de la identidad cultural de cada nación, al
ser la base de numerosas tradiciones y costumbres. Por
esta razón, muchas personas rechazan la carne culti-
vada, al percibirla como una posible amenaza para sus
prácticas culinarias y su patrimonio gastronómico [2].
Liu en 2022 [4] señalaron que, al comparar los aspec-
tos éticos y nutricionales entre ambos tipos de carne,
el 43 % de los encuestados considera que la carne ar-
tificial es más ética y ecológica que la convencional
(35 %), aunque el 53 % piensa que será menos sabrosa.
Las principales dudas se relacionan con su impacto en
la salud: el 37 % cree que será menos saludable que
la carne tradicional, el 29 % considera que será más
saludable y el 34 % no tiene una opinión definida.
Uno de los países que más ha invertido en el de-
sarrollo de carne sintética es Israel, con una inversión
aproximada de 507 millones de dólares. En esta nación
coexisten religiones como el judaísmo, el hinduismo
y el islam, las cuales promueven la compasión y la
amabilidad hacia los animales. Estas tradiciones re-
ligiosas establecen normas que regulan el consumo
de carne de manera humanitaria, evitando el sufrim-
iento animal. Por ello, dichos países han mostrado un
creciente interés en la producción de carne in vitro
como alternativa ética, alineada con sus principios. En
este contexto, los estándares Kosher y Halal adquieren
relevancia, ya que exigen métodos que minimicen o
eliminen el sufrimiento animal en el proceso alimenta-
En cuanto a la percepción general, el 49 % de los
participantes describió la carne artificial como “prome-
tedora y/o aceptable”, el 23 % la consideró “divertida
y/o intrigante” y el 29 % la calificó como “absurda y/o
repugnante”. En total, el 66 % manifestó disposición
a probarla, aunque el 43 % no planea consumirla de
forma regular, y el 94 % no estaría dispuesto a pagar
un precio mayor que el de la carne convencional [4].
En la actualidad, existen más de veinte empresas
dedicadas a la producción de carne artificial. El primer
país en autorizar su comercialización fue Singapur, mar-
cando un precedente en la historia de la alimentación
moderna. Por su parte, en Israel se inauguró el primer
restaurante que utiliza carne sintética en su menú, lo
que refleja el avance y la aceptación progresiva de esta
innovación alimentaria a nivel mundial [2].
Debido al aumento exponencial de la población
mundial, muchos países deberían comenzar a conside-
rar la implementación de la carne artificial en la vida
cotidiana e invertir en su desarrollo. Desde una pers-
pectiva moral, su aceptación podría incrementarse pro-
gresivamente, ya que este tipo de carne no implica
el sacrificio de animales y, por tanto, contribuye al
respeto de sus derechos. Además, representa una al-
ternativa viable para las personas que han adoptado
dietas vegetarianas o veganas por motivos éticos, y
puede adecuarse a distintas creencias religiosas que
promueven la compasión hacia los seres vivos.
Desde una perspectiva social y ética, la población
más joven tiende a aceptar con mayor facilidad la
carne cultivada, ya que su producción implica pro-
cesos menos crueles para los animales y un menor
impacto en el ambiente y en la tierra, factores esen-
ciales para la sostenibilidad de la vida. En contraste,
No obstante, aún persiste un sector de la población
gran parte de la población adulta manifiesta inquie- que rechaza esta innovación, aferrándose a las costum-
tudes respecto al sabor, la textura y la seguridad de bres tradicionales y a la idea de que la carne natural es
este producto, argumentando que podría carecer de la mejor opción, lo que también debe respetarse como
naturalidad. Esta situación genera preocupación, pues parte del legado cultural de cada comunidad. Se debe
la falta de aceptación generalizada, junto con el alto tener presente que lograr una aceptación generalizada